
El 24 de junio pasado, el pueblo Mapuche ya celebró su We'tripantu (Año Nuevo). Ya que pude estar entre ellos hace varios años, y fue una experiencia sumamente interesante y también reconfortante.
Mi matrimonio de mas de diez años estaba naufragando, yo estaba con la primera y única depresión de mi existencia, producto de excesiva tribulación. La olla reventó y recordé la invitación de mi amigo mapuche residente en Trovolhue, IX Región, cerca del lago Budi (único lago salado de Sudamérica, según dicen...). El me había insistido: "Eduardo, si estas con problemas y necesitas recuperarte, vente p'acá no mas, eres como de la familia."
Y lo hice, sin dudarlo. Hay que internarse entre cerros y caminar dos horas para llegar a la Comunidad. La ruca esperaba, humeante, mi visita; el dolor, las lágrimas, la pena indescriptible, se fueron esfumando a medida que recibía todo ese cariño. En los 10 días que estuve con ellos solo comí y dormí. Mucho mudai, carne de cordero, queso, y toneladas de risa. Algo aprendí del idioma, aglutinante como el griego, sumamente complejo y lleno de colorido. Los llegué a querer, llegaron a ser mi familia. No les importaba compartir sus días con un huinca larguirucho que parecía no encajar en ese mundo, en cierto modo mas puro. Los días pasaron, como suave curación al alma.
Entonces, el año nuevo mas inolvidable -para mí- no ha sido ninguno de los 1 de enero con sus típicos abrazos, supersticiones urbano-tribales y gastados ritos de la "modernidad". Más bien fue en Trovolhue, un 24 de Junio, único día del año en que las aguas de las vertientes y ríos experimentan un proceso de cambio de temperaturas, debido a ello, en el alba, con el canto de los gallos, nuestros antepasados -hoy en menor número- se dirigen al estero, río o vertiente mas cercana para beber y bañarse en las aguas, que ese día estan purificadas y fortalecidas y de esta forma esperar la salida del sol con el cuerpo y espíritu limpios. Mi piel estuvo en constante sintonía con ese magnetismo, mis pies recibieron todo el rocío de la madrugada y el canelo se encargó de ahuyentar esas fiebres que consumían mi espíritu.
Ahora que he forjado tantos amigos y compañeros bloggers en estos meses de comunicarme, quisiera agradecer a todos los que me han ayudado a ser un poco mejor.
Bloguear -en mi caso-comenzó de un modo totalmente casual, imperceptible, pero aquí está; poco a poco a ido tomando forma, una forma imperfecta por cierto, así como su gestor: solo un ser humano más, luchando por sobrevivir y alcanzar esa marmita de oro al final del arco iris, llamada felicidad. ¿Aquella es real? ¿O es solo un espejismo? ¿Importa la respuesta? Nos queda el proceso, el camino trazado, el aprendizaje.
Estoy felíz dentro de todo; no estoy completo, tal vez jamas lo esté en esta vida. Tengo lo que mas amo en este mundo: mi Alejandrita. Jamas siquiera soñé fuera a estar permanentemente conmigo. Además, he encontrado congéneres valiosos por esta dimensión blogger: encontré mi alma gemela en el plano metafísico, con quien existe una sintonía fina muy similar, algo rarísimo de darse; encontré amigos y amigas que he conocido, dialogado, reido y disfrutado gratos momentos; encontré la femineidad y la sencilléz hechas poesía en alguien que vive en la sexta región; mi intelecto se ha enriquecido con muchos de ustedes; he podido ayudar a varios a ver las cosas desde otra perspectiva; encontré cientos de talentosos poetas; encontré por alguien que me brindó, sin yo siquiera sospecharlo, su fresco cariño de juventud, como un manantial refrescante y salvaje; encontré alguien con quien afinar interesantes proyectos; algunos me han hecho reir a carcajadas, imaginen lo bueno que es esto para la salud; otros han logrado humedecer mis ojos de algún modo; también me reencontré con viejos amigos, algunos del tiempo de mis estudios de Derecho y aun antes; me reencontré con una ex en buena y mala onda; tuve una experiencia breve, desconcertante y algo freak, que sigo sin entender, pero el signo de interrogación al fin me lo tragué:) ; con un blogger encontré una buena oportunidad artística; y en cada uno de ellos y todos los demás , sí, aun aquellos a los que no les he caído bien ( Nadie será jamás bolita de dulce para todo el mundo), agradezco su interacción, los respeto y los valoro. Lo siento, la arrogancia produce en mí un rechazo casi químico, y a veces digo cosas en un tono desmedido. Admito que eso está mal.
Cada uno con sus propias miserias, complejos y frustraciones, no soy juez de nadie, apenas alcanza para mí...
Finalmente, me queda entregar mi abrazo a todos: sí, a TODOS. El cariño sincero edifica en nosotros paz y satisfacción, los rencores corroen, carcomen: ¡Que se mueran con este año!
Gracias a todos! Que tengan un 2006 mas humano, mas digno, mas hermoso.
Autor del texto: © Eduardo Waghorn H.